Dudar de uno mismo en ocasiones es más fácil que darnos la oportunidad de creer que somos verdaderamente capaces de conseguir lo que nos hemos propuesto, he llegado a pensar que es mejor pecar con un exceso de confianza en nuestra habilidad en lugar de quedarnos sentados cediendo a otros las oportunidades que nos corresponden sólo por el temor a enfrentar alguna situación.
De camino al Cerro Chirripó uno se dirige a un viaje que produce, al menos en lo personal eso creo; mucha satisfacción. Los primeros cuatro kilómetros a la entrada del parque no son fáciles, pero por llegar ahí entra un impulso de deseo por alcanzar un lugar llamado Llano Bonito, el cual, como dijo un amigo: "De llano; no tiene nada", pero igual es un lugar hermoso, donde se puede descansar y tomar agua; por cierto aparecen unos pajarillos negros con una pata de color amarillo que llaman mucho la atención y que además ya están acostumbrados a que los caminantes los alimenten. La llamada Cuesta del agua, no es una prueba fácil, son tres largos kilómetros que cobran factura pero que si se le ve con buena actitud; vale la pena todo el esfuerzo: El paisaje es hermoso y aproximadamente durante el primer kilómetro se puede escuchar el río lo cual da una sensación de estar en presencia de un verdadero tesoro. El Monte sin fe, el cual por cierto hace que uno se pregunte a quién se le ocurrieron los nombres de esos lugares, es un grandioso lugar el cual disfruté más al regreso que cuando iba camino al Chirripó debido a lo nublado que estaba el día del ascenso. Ahí hay que respirar profundo porque de seguido La cuesta de los arrepentidos espera al caminante, es un kilómetro de piedra suelta y filosa en la cual caerse puede convertirse en una desgracia; al menos para las rodillas y manos. En conversaciones con otros visitantes del parque, coincidíamos en que quizás "arrepentidos" como todos le llaman ya estando en el albergue, es tan difícil porque ya uno viene cansado y no porque en sí sea peor que "La cuesta del agua" por ejemplo. En fin, con Los Crestones enfrente, a penas disfrutamos un poco de la vista, pues llovió durante dos días, pero todo lo que alcanzamos a ver hizo que valiera la pena el esfuerzo dado.
Decía Enrique Bunbury en una de sus canciones: "Si ya no puede ir peor, haz un último esfuerzo, espera que sople el viento; a favor". En ocasiones las situaciones hacen que dudemos, que pensemos ésta vez ya es demasiado o algo peor como decirse a sí mismo: No puedo. Está en uno mismo seguir, saber que está bien caerse pero no quedarse tirado en el suelo. Como nos dice otra estrofa de la canción y es lo que a menudo ocurre cuando dudamos de nosotros mismos: "Otra vez perdiste tu oportunidad, siempre enfrentándote y al final, vencido por el miedo; caes al suelo y te dejas pisar". Hay que recordar que siempre es posible cambiar, tomar la actitud adecuada, subir las cuestas más difíciles e inclusive disfrutar del paisaje mientras lo hacemos.
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