"El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide".
Hacía memoria, recordando a medias un cuento que leí una vez, el cual trataba sobre un hombre en un punto de su vida en que lidiaba con una de esas enormes decisiones que impactan toda la existencia sin reparo, estaba sentado frente al volante deseando que el cambio de color en el semáforo le ordenara detenerse, era una realidad; deseaba ver el rojo, había elegido un camino y aunque había echado a andar en verde positivo, (me atrevo a decir) su alma ahogándose a gritos, no dejaba de suplicar que el semáforo diera rojo, que una orden mística le permitiera regresar sobre lo andando, ya fuera el detenerse y animarse a "arrepentirse". Sin embargo, la historia de él era una en verde, con camino libre para seguir en la dirección tomada. En realidad el final no es triste, simplemente es el desenlace que le correspondía a éste hombre.
Lo que me hizo rememorar éste cuento, fue aquella idea de que porque uno toma una decisión, no puede arrepentirse de ello, cuando en realidad para vivir no hay manual, para saber elegir aquello que verdaderamente va a llenar de satisfacción o proveer la seguridad que una persona busca no existe una guía de qué pasos dar y que vías tomar, creo que esta bien dudar, pues así como es valiente el que se decide y avanza en la dirección elegida, es valiente el que reconoce haberse equivocado y cambia de rumbo. También hay que considerar, que en ocasiones hay dudas, pero las luces en verde durante el trayecto son una muestra de esa necesidad más que de arrepentirse; de creer en sí mismo y en lo bueno que guarda el futuro.
Soraya -Casi

No hay comentarios:
Publicar un comentario