miércoles, 29 de febrero de 2012

Cerrado por derribo

Aquí les cuento esta historia:
De vuelta con el maestro a un lado, entrando a la etapa de cerrar el local por motivos de derribo, estaba el café enfriándose en la mesa mientras los ojos curiosos y cansados perdían su mirada a través de la ventana.
Ésta la dedico, a punto y coma con la voz arañando la piel, me quedaba la duda y la certeza que tan fácil le era haber dicho "sí" que mejor eligió el silencio apuntando al no; para no matar la vida de aburrimiento, para no entregarle a las tardes el calor de lo conocido sino el frío del desconcierto, aquella elección de una vida de imaginar "Qué habría sido", antes de aceptar la oportunidad de la vida de realmente vivirlo. 
La niña que fui, me observaba desde la ventana de una tarde de lluvia cubierta de nostalgia, mientras el niño que él fue se quedaba en silencio apoyado en el umbral de la impotencia y era él con un sombrero de copa convertido en casco que lo protegía en mi noche de derribo, el ingeniero de mis cartas y sueños que veía como entre pausa y pausa la niña en mí se soltaba de mi cuerpo para jugar con en el niño en él que se escapaba para susurrar canciones del maestro diciendo: "Esta forma tan cobarde
de no decirnos que no. Este contigo, este sin ti tan amargo...
Y el maestro se unió para amenizar el golpe cantando sus versos, en aquella versión "cerrado por derribo que no vayas a confundir con "nos sobran los motivos":

"Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo".

De otra forma pudo haber sido cariño, entre cada tarde mis cuentos y tus aventuras otra historia pudieron haber vivido y sin embargo es el tiempo el que nos recuerda aquellos buenos amigos.


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